La Centralización del Poder Monárquico (Siglos XIV-XV)
Durante los siglos XIV y XV, el poder político en Europa experimentó una transformación crucial: la centralización progresiva en la autoridad de los reyes. Este periodo marcó el fortalecimiento de las monarquías y la reconfiguración del mapa político europeo.
La crisis señorial del siglo XIV, caracterizada por el debilitamiento de los señores feudales debido a las guerras, la pérdida de control sobre los campesinos y el enriquecimiento de las ciudades, favoreció esta concentración de poder en manos de los monarcas. Los reyes recuperaron gradualmente facultades que habían sido ejercidas por los señores feudales durante cuatro siglos, como la administración de justicia y el cobro de impuestos.
Causas de la Centralización del Poder
- Debilitamiento de los señores feudales en las guerras.
- Pérdida de control de los señores feudales sobre los campesinos.
- Enriquecimiento de las ciudades y el auge de la burguesía.
Las Características de las Monarquías Modernas
El fortalecimiento de la monarquía conllevó una profunda transformación en la organización y administración de los Estados modernos. Entre los cambios más significativos se encuentran:
- La burocracia: Se desarrolló una administración centralizada, compuesta por funcionarios capaces de elaborar leyes, administrar justicia y recaudar impuestos en nombre del rey.
- El sistema diplomático: Los reyes establecieron relaciones diplomáticas permanentes con otros reinos, nombrando embajadores para mantener la integridad territorial y promover intereses pacíficos.
- El ejército permanente: Las monarquías organizaron ejércitos profesionales y permanentes, compuestos por soldados mercenarios, lo que les permitió prescindir de la lealtad de los señores feudales y vasallos. Estos ejércitos se utilizaban tanto en conflictos externos como en la represión interna.
- Símbolos de unión nacional: Los reyes adoptaron escudos y banderas como símbolos de la unidad nacional, consolidando la identidad del Estado en torno a su figura.
La Expansión Ultramarina Europea
En el contexto de las transformaciones del siglo XV y los cambios en la concepción del mundo, varios reinos europeos se embarcaron en viajes de exploración marítima. Estas expediciones llevaron al descubrimiento de nuevas rutas comerciales, productos y, crucialmente, al «descubrimiento» de América, un continente hasta entonces desconocido para los europeos.
El Absolutismo Monárquico: Definición y Características (Siglos XVI-XVIII)
El absolutismo monárquico fue un régimen político predominante en Europa occidental durante la transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, especialmente entre los siglos XVI y XVIII. Su característica fundamental es la concentración de todo el poder político en la figura del monarca.
El rey gobernaba sin restricciones, su voluntad era ley. No existía una división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) como en los regímenes republicanos o democráticos. El soberano poseía todos los derechos, mientras que sus súbditos solo tenían obligaciones.
Luis XIV: El Paradigma del Rey Absolutista
Luis XIV de Francia (1643-1715) es considerado el arquetipo del monarca absoluto. Su famosa frase «L’État, c’est moi» («El Estado soy yo») resume la esencia de este régimen. Su sucesor, Luis XV, lo reafirmó al declarar que el poder soberano residía únicamente en su persona.
Justificación del Poder Absoluto
El absolutismo se justificaba principalmente a través de dos argumentos:
- Teoría del Derecho Divino: Esta teoría, defendida por teólogos como Jacques Bossuet, sostenía que los reyes gobernaban por mandato divino, siendo representantes de Dios en la Tierra. Por lo tanto, su autoridad era incuestionable y solo debían rendir cuentas ante Dios.
- Filosofía Contractualista (Thomas Hobbes): Aunque no apelaba al derecho divino, el filósofo Thomas Hobbes justificaba el gobierno absoluto como la única forma de controlar la maldad inherente del ser humano. Según Hobbes, la sociedad renunciaba a sus derechos individuales para establecer un poder fuerte que garantizara el orden y la seguridad.
Referencias Bíblicas al Poder
La Epístola a los Romanos (Nuevo Testamento) se utilizaba para respaldar la obediencia a las autoridades: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas».
Instrumentos del Poder Absoluto
Para consolidar su poder, los monarcas absolutos implementaron diversas estrategias:
- Creación de una burocracia centralizada y dependiente del rey.
- Formación de un ejército permanente bajo control real.
- Subordinación de la nobleza y la Iglesia.
- Desarrollo de la diplomacia para mantener relaciones con otros Estados.
Política Económica: El Mercantilismo
Los gobiernos absolutistas adoptaron una política económica conocida como mercantilismo. Esta doctrina consideraba que la riqueza y el poder de un Estado dependían de la acumulación de oro y plata. Se promovían medidas proteccionistas para inhibir la salida de metales preciosos, como la prohibición de importar productos extranjeros.
La Crisis del Antiguo Régimen y el Ascenso de la Ilustración
El Antiguo Régimen, caracterizado por el absolutismo monárquico, la sociedad estamental y la economía agraria, entró en crisis en el siglo XVIII. Las ideas de la Ilustración, que promovían la razón, la igualdad y la libertad, socavaron los fundamentos ideológicos del absolutismo. Pensadores como Montesquieu (división de poderes), Rousseau (contrato social y soberanía nacional) y Voltaire (libertad de conciencia) influyeron en el pensamiento de la época.
La Ilustración fomentó la conciencia revolucionaria de la burguesía y allanó el camino para las revoluciones liberales que pondrían fin al Antiguo Régimen. Algunos monarcas, influenciados por la Ilustración, intentaron reformas (despotismo ilustrado), pero las contradicciones internas de este sistema reformista aceleraron el proceso revolucionario.
Referencias
- Discurso de Luis XV al Parlamento de París el 3 de marzo de 1766.
- Alberto Malet y J. Isaac, Los tiempos modernos. Versión castellana corregida por Lucas Gibbes, París, Editorial Hachette, 1922.
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- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 10, a. 10.
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- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I-II, q. 97, a. 3, ad 3.
- Durando de San Porciano, In Petri Lombardi Sententias Theologicas Commentariorum libri quatuor, II, d. 44, q. 3, n. 11.
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