Las Desamortizaciones en el Siglo XIX
Desamortización de Mendizábal o Eclesiástica (1836-1844)
A partir de 1833, el proceso de desamortización se precipitó debido a varios factores:
- La Primera Guerra Carlista (se necesitaban fondos para financiarla).
- El clima anticlerical (por el apoyo del clero al bando carlista).
- Las reclamaciones de los antiguos compradores de bienes desamortizados (expropiados en 1823), que pedían su devolución.
Los gobiernos liberales tomaron medidas:
- Reintegro de sus bienes a los compradores del Trienio Liberal (1835).
- Disolución de órdenes religiosas que no se dedicaran a la enseñanza o al cuidado de enfermos y declaración de sus fincas como bienes nacionales.
Con el gobierno de Calatrava (progresista), siendo ministro de Hacienda Juan Álvarez Mendizábal, se publicó la primera ley desamortizadora importante: la Ley de Desamortización de Mendizábal o de bienes del clero. En 1837 se declararon en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular (órdenes religiosas), sin indemnización, con el fin de:
- Sanear la Hacienda Pública.
- Financiar la guerra carlista.
- Convertir a los nuevos propietarios en defensores del liberalismo.
Sin embargo, los labradores no pudieron pujar en las subastas y la mayoría de los bienes fueron adquiridos por nobles y burgueses adinerados, lo que impidió la creación de una clase media agraria fuerte en España. En las compras, solo se abonaba el 20% al contado, el resto se pagaba aplazado, y se admitían para el pago los títulos de deuda pública por su valor nominal. Bajo la regencia de Espartero (1841), se desamortizaron también los bienes del clero secular. Con la vuelta de los moderados (1844) se suspendieron las subastas; para entonces, ya se había desamortizado aproximadamente el 62% de las propiedades de la Iglesia. La desamortización podría haber sido más rentable para el Estado o haberse enfocado como una reforma agraria, pero el objetivo principal del ministro pareció ser beneficiar a la élite financiera y comercial, consolidando su prosperidad económica. El Estado recaudó unos 4.500 millones de reales (solo 500 millones en dinero efectivo), cuando la deuda pública ascendía ya a unos 14.000 millones.
Desamortización de Madoz o General (1855-1895)
Impulsada en 1855 por Pascual Madoz, ministro de Hacienda durante el Bienio Progresista (con Espartero en el gobierno), esta desamortización fue uno de los puntos clave del programa progresista. Establecía la venta en subasta pública, con indemnización, de toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes al Estado, a la Iglesia, los propios y baldíos de los Municipios y, en general, todos los bienes que permanecieran amortizados (no en libre circulación mercantil). El dinero obtenido se destinó a:
- Amortizar la deuda pública.
- Cubrir las necesidades de la Hacienda.
- Financiar la construcción de la red de ferrocarriles.
Las compras se realizaban mediante el pago de un 10% de entrada y el resto aplazado, admitiendo solo el abono en efectivo. Esta ley estuvo en vigor hasta 1895 y el Estado ingresó aproximadamente 8.000 millones de reales.
El Sexenio Democrático (1868-1874)
El Sexenio Democrático (o Revolucionario) comenzó con la revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, que derrocó a Isabel II, instauró el sufragio universal masculino y reguló derechos políticos y sociales fundamentales. Durante este período, España experimentó diversas formas de gobierno:
- Un Gobierno Provisional y la Regencia del general Serrano (1868-1870).
- El reinado de Amadeo I de Saboya (1870-1873).
- La breve Primera República (1873-1874).
Finalmente, el periodo terminó con una dictadura militar encabezada por Serrano, que preparó el camino para la Restauración Borbónica con Alfonso XII en 1874. Además, en esos años se vivieron graves conflictos como la Primera Guerra de Cuba (Guerra de los Diez Años), la Tercera Guerra Carlista y la revuelta cantonal.
El reinado de Isabel II estuvo marcado por una gran inestabilidad política, agravada en sus últimos años por el desprestigio del gobierno y una crisis permanente desde 1866. Esta crisis tuvo varias vertientes:
- Crisis financiera: Caída de las acciones ferroviarias y retirada de capital extranjero.
- Crisis industrial: Afectó especialmente a las fábricas textiles catalanas.
- Crisis de subsistencia: Causada por malas cosechas y el aumento del precio del trigo, junto con una epidemia de cólera.
Todo esto generó un profundo malestar social entre las clases populares y campesinas.
Revolución de 1868 (“La Gloriosa”)
La nueva etapa histórica comenzó con un golpe de estado seguido de una revolución popular. En 1866, una coalición de partidos políticos (progresistas, demócratas y, más tarde, la Unión Liberal) firmaron el Pacto de Ostende (Bélgica) con el fin de acabar con el corrupto, autoritario e inoperante sistema político isabelino. En la revolución del 68 participaron:
- Militares: Descontentos con Isabel II.
- Burguesía urbana: Preocupada por la corrupción y las restricciones económicas.
- Campesinado y movimiento obrero: Buscaban mejorar sus condiciones de vida (aunque sus aspiraciones no serían satisfechas).
En septiembre de 1868 comenzó la revolución con el pronunciamiento dirigido por el almirante Topete en Cádiz, apoyado por el general Prim (progresista) y el general Serrano (sucesor de O’Donnell en la Unión Liberal), además de contar con apoyo civil, convirtiéndose en una revolución popular. Lanzaron al país un manifiesto (“¡Viva España con honra!”) con la esperanza de contar con el apoyo de la sociedad española. Se crearon Juntas revolucionarias locales, que exigían el destronamiento de Isabel II y la democratización profunda del régimen político (sufragio universal masculino, libertad de culto, libertad de asociación, etc.). Las clases populares se sumaron a estas propuestas, añadiendo reivindicaciones propias como la supresión del sistema de reclutamiento de quintas y la abolición del impuesto de consumos. El gobierno moderado envió un ejército para combatir a los rebeldes, pero fue derrotado en la Batalla de Alcolea (Córdoba) por las fuerzas lideradas por Serrano. Tras la derrota, Isabel II abandonó España.
Gobierno Provisional y Regencia de Serrano (1868-1870)
Se formó entonces un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano e integrado por progresistas y miembros de la Unión Liberal. Ante la duplicidad de poderes (Gobierno y Juntas), el gobierno ordenó la disolución de las Juntas y de la Milicia Nacional. Se adoptaron una serie de medidas democráticas y económicas, como la creación de la peseta como unidad monetaria y la liberalización del intercambio exterior (política económica librecambista) para abrir el mercado español al capital extranjero e invertir en sectores como el minero.
En la convocatoria y celebración de elecciones a Cortes Constituyentes (1869), celebradas por sufragio universal masculino, ganaron los partidos de la coalición gubernamental (progresistas, unionistas). Estas Cortes tenían un predominio de las clases medias y aspiraban a un cambio fundamentalmente político, temiendo la radicalización social y las propuestas revolucionarias. Por otro lado, estaban los demócratas y republicanos, que representaban a las clases populares. Los republicanos pretendían cambios políticos más radicales y sus propuestas coincidían con las de las juntas revolucionarias, por lo que quedaron decepcionados por la orientación conservadora que estaban adoptando las nuevas autoridades. Ello explica que se produjeran numerosos desórdenes públicos.
Constitución de 1869
La Constitución de 1869 está considerada como la primera constitución democrática de la historia de España. Entre sus características destacan:
- Soberanía Nacional.
- Monarquía constitucional (democrática).
- Sufragio Universal Masculino.
- Amplia declaración de derechos y libertades: libertad de asociación, derecho a participar en la vida política, libertad de culto (aunque el Estado mantenía al clero católico), etc.
- División de poderes:
- Legislativo: Residía en las Cortes Bicamerales (Congreso y Senado). El rey sancionaba las leyes y podía disolver las Cortes.
- Ejecutivo: Lo ostentaba el monarca (pero, en la práctica, lo ejercía el gobierno responsable ante las Cortes).
- Judicial: Correspondía a los tribunales de justicia, a los que se incorporó la figura del jurado.
Regencia de Serrano (Junio 1869 – Diciembre 1870)
Una vez aprobada la Constitución, que establecía la monarquía como forma de gobierno, y hasta que se encontrase un rey adecuado, Serrano (Unión Liberal) fue nombrado Regente, mientras Prim (progresista) se convertía en Jefe del Gobierno. La tarea principal de Prim fue buscar entre las casas reales europeas un monarca que fuera democrático y que no perteneciera a la dinastía Borbón. Varios fueron los candidatos barajados, como el hijo de Isabel II (el futuro Alfonso XII), e incluso se contempló la posibilidad de nombrar a Espartero como rey de España. Prim realizó esta tarea en medio de graves problemas:
- La sublevación independentista de Cuba (Guerra de los Diez Años).
- Graves desórdenes sociales tanto en el campo como en las ciudades, promovidos por republicanos y anarquistas.
Finalmente, propuso como candidato a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia Víctor Manuel II, cuya candidatura fue la más votada por las Cortes. Fue proclamado rey en enero de 1871.
El Reinado de Amadeo I de Saboya (Enero 1871 – Febrero 1873)
En este período continuó la inestabilidad política. El reinado de Amadeo I fue breve y convulso:
- Asesinato del General Prim: Su más firme apoyo y el único capaz de mantener unida la coalición monárquico-democrática fue asesinado en un atentado justo antes de la llegada del rey.
- Falta de apoyos:
- La Iglesia no apoyaba su reinado debido a los problemas derivados de la unificación italiana (la cuestión romana).
- Al ser extranjero, no entendía bien la lengua ni las costumbres españolas.
- Recibió el menosprecio y la indiferencia de militares y aristócratas.
- Se encontró con la enemistad de la nobleza, el clero, los carlistas, los republicanos, los monárquicos alfonsinos (partidarios del hijo de Isabel II), parte de la burguesía industrial catalana y las organizaciones obreras.
- Inestabilidad política: Se produjo la ruptura de la coalición monárquico-democrática y la división de los progresistas en dos partidos: el Partido Constitucionalista (liderado por Sagasta, más conservador) y el Partido Radical (liderado por Zorrilla, más izquierdista).
- Conflictos sociales: Tuvo que hacer frente a insurrecciones de republicanos y anarquistas, huelgas y motines populares contra el sistema de quintas y el impuesto de consumos.
- Conflictos bélicos:
- Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Se inició con el levantamiento armado de los partidarios de Carlos VII. Los principales escenarios fueron las provincias vascas, Navarra y Cataluña. Supuso un factor clave de desestabilización para la monarquía de Amadeo y la posterior Primera República. Acabará ya en tiempos de la Restauración Borbónica.
- Guerra de los Diez Años de Cuba (1868-1878): Continuaba el conflicto contra los independentistas cubanos, iniciado en 1868 con el “Grito de Yara”. Cuba aspiraba a obtener una mayor autonomía, pero los hacendados cubanos y la burguesía financiera e industrial española se oponían a reformas como la abolición de la esclavitud y querían mantener el sistema de explotación colonial. La guerra terminará con la Paz de Zanjón (1878), una paz temporal, ya que el conflicto resurgirá más adelante (desastre del 98).
Amadeo I, fiel a su promesa de no imponerse a la Nación por la fuerza, prefirió perder la Corona antes que quebrantar sus juramentos constitucionales. Por todos estos problemas y la falta de apoyo popular y político, Amadeo dimitió en febrero de 1873. El vacío de poder fue aprovechado por republicanos y radicales para proclamar la República.
La Primera República (Febrero 1873 – Enero 1874)
La República heredó los graves problemas económicos, sociales y políticos del país, pero le faltó tiempo y estabilidad política para intentar solucionarlos. A los problemas heredados (guerra de Cuba, Tercera Guerra Carlista) se le añadió el conflicto interno entre los propios republicanos, que estaban profundamente divididos.
Ser republicano conllevaba ser demócrata y laico, pero existían diversas tendencias:
- Desde burgueses republicanos hasta obreros con aspiraciones sociales.
- División principal entre quienes defendían la república unitaria (un estado centralizado) y quienes abogaban por la república federal (un estado descentralizado formado por regiones autónomas).
Además de las guerras carlista y cubana, los monárquicos alfonsinos conspiraban y aprovechaban la situación crítica para ganar partidarios. Se produjeron graves y numerosos disturbios sociales causados por la decepción de campesinos y obreros hacia la política republicana, que no satisfacía sus demandas.
En menos de un año se sucedieron cuatro presidentes:
- Estanislao Figueras: Republicano federalista, pero inicialmente encabezó un gobierno de coalición con los radicales. Adoptó medidas populares como la supresión de quintas, pero las clases populares tomaron una orientación anarquista en algunos lugares, provocando enfrentamientos violentos. Convocó elecciones a Cortes Constituyentes, que ganaron los federalistas, y Figueras dimitió.
- Francisco Pi y Margall: Federalista convencido. Durante su breve mandato se proyectó una Constitución federal (que no llegó a aprobarse). En ella se establecía una estructura federal para España (17 estados autónomos, incluidos Cuba y Puerto Rico); cada estado podría tener su propia constitución y órganos legislativos, pero estarían sometidos a la Constitución federal (que consagraba la soberanía popular, la separación radical Iglesia-Estado, etc.). El jefe del Estado sería el Presidente de la República. Intentó regular las condiciones laborales, pero aumentaron los conflictos sociales. Tuvo que hacer frente al cantonalismo.
- Nicolás Salmerón: Republicano federal moderado, su principal objetivo fue restablecer el orden. Envió al ejército para sofocar el movimiento cantonalista, con generales como Pavía en Andalucía y Martínez Campos en Valencia, que pusieron fin a la mayoría de las insurrecciones cantonales (excepto Cartagena). Al negarse a firmar varias penas de muerte impuestas a líderes cantonales por problemas de conciencia, dimitió.
- Emilio Castelar: Representaba el giro hacia una República más conservadora y unitaria (centralista). El ejército reprimió sublevaciones de todo tipo, incluidas las reivindicaciones sociales y políticas de la clase obrera. Se vio desbordado por el desorden interior y por las guerras carlista y cubana. Para poder restablecer el orden público, solicitó a las Cortes poderes extraordinarios para gobernar por decreto. Cuando las Cortes se reunieron de nuevo, el gobierno fue sometido a un voto de confianza y lo perdió. Castelar dimitió.
El Cantonalismo (1873)
La insurrección cantonalista fue un movimiento político y social de muy escasa duración (salvo en Cartagena), que constituyó uno de los principales factores del fracaso de la Primera República. La sublevación comenzó cuando diversas ciudades y regiones (sobre todo del sur, como Andalucía, y Levante) proclamaron su cantón (territorio) independiente del poder central. Se trata de una interpretación radical y extremista del federalismo, influida por ideas anarquistas, que pretendía la creación de pequeños núcleos territoriales de gobierno completamente autónomo. Pi y Margall, contrario a reprimir el movimiento por la fuerza, se vio obligado a dimitir, facilitando la formación de un gobierno dispuesto a restablecer el orden militarmente.
El Golpe de Estado de Pavía y la Dictadura de Serrano (Enero – Diciembre 1874)
Tras la dimisión de Castelar, y ante la posibilidad de que el poder recayese nuevamente en los federales intransigentes, el General Pavía, Capitán General de Madrid, dio un golpe de estado el 3 de enero de 1874. Irrumpió con la Guardia Civil en el Congreso de los Diputados y disolvió las Cortes Constituyentes.
Tras el golpe de Pavía, se formó un gobierno de concentración presidido por el General Serrano, quien aplicó una política dictatorial con un claro protagonismo del Ejército (una dictadura militar de facto), aunque mantuvo formalmente la estructura republicana. Fue una etapa de transición con una presidencia de signo autoritario, sin Cortes ni Constitución vigente. Durante este período, el cantón de Cartagena acabó rindiéndose, se disolvió la sección española de la I Internacional y se intensificó la lucha contra los carlistas.
Mientras tanto, los alfonsinos, dirigidos por Antonio Cánovas del Castillo, ganaban cada vez más apoyo entre las élites políticas y económicas, que anhelaban orden y estabilidad. A finales de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunció en Sagunto a favor del príncipe Alfonso (hijo de Isabel II), declarándolo rey de España como Alfonso XII. Esto significó el fin de la Primera República y el inicio de la Restauración de la monarquía borbónica. Serrano se exilió y Alfonso XII llegó a España a principios de enero de 1875.
Fracaso del Sexenio Democrático
La primera experiencia democrática en España fracasó por diversas razones:
- La debilidad de las fuerzas políticas genuinamente democráticas.
- El giro conservador que tomó la burguesía, temerosa del desorden social y partidaria de limitar la participación política (sufragio censitario).
- La radicalización de las masas populares (campesinos y obreros), cuyas aspiraciones no fueron satisfechas.
- Los graves conflictos bélicos (Tercera Guerra Carlista, Guerra de Cuba, Cantonalismo).
- Las profundas divisiones internas entre los propios republicanos (unitarios vs. federales, moderados vs. intransigentes).
Todo ello despertó el deseo de un retorno al orden y la estabilidad, que se materializó en la Restauración borbónica liderada por Cánovas del Castillo. Significativamente, el Sexenio Revolucionario comenzó y terminó con un pronunciamiento militar.
Corrientes Ideológicas y Movimiento Obrero en el Sexenio
Corrientes Ideológicas Principales
- Marxismo (Socialismo Científico): Desarrollado por Karl Marx y Friedrich Engels. Postula la lucha de clases entre burguesía y proletariado como motor de la historia, la necesidad de una revolución proletaria para tomar el poder y establecer una dictadura del proletariado como transición hacia una sociedad comunista sin clases ni Estado.
- Bakuninismo (Anarquismo): Principalmente asociado a Mijaíl Bakunin. Propugna la abolición de toda forma de Estado y autoridad, la organización social en comunas autónomas y federadas voluntariamente (como la Comuna de París de 1871), la acción directa y el rechazo a la participación política parlamentaria.
Nota: En el cantonalismo se mezclaron ideas republicanas federales radicales con influencias socialistas y anarquistas. Los republicanos, en general, defendían más los intereses de la pequeña burguesía que los del proletariado industrial o agrario.
La Ley de Asociaciones, reconocida en la Constitución de 1869, permitió que muchas asociaciones obreras, que antes operaban en la clandestinidad, salieran a la luz.
Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)
La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional se había fundado en Londres en 1864, con la intención de coordinar los esfuerzos de todos los trabajadores del mundo en su lucha contra el capitalismo. El manifiesto inaugural y los estatutos fueron elaborados por Marx, pero pronto surgieron tensiones entre las diferentes corrientes ideológicas, destacando el enfrentamiento entre el marxismo y el anarquismo de Bakunin.
Las diferencias fundamentales eran:
- Objetivos: Los anarquistas querían la abolición inmediata del Estado; los marxistas querían la conquista del Estado por parte de los trabajadores como paso previo.
- Estrategias: Los anarquistas rechazaban la política parlamentaria y defendían la acción directa y la huelga general; los marxistas abogaban por la creación de partidos políticos obreros para luchar por el poder.
En el Congreso de La Haya (1872) se produjo la división definitiva del movimiento obrero internacional. Los anarquistas seguidores de Bakunin fueron expulsados y continuaron con su propia Internacional, mientras que los socialistas seguidores de Marx acabarían fundando años más tarde la Segunda Internacional o Internacional Socialista.
Las Primeras Organizaciones Españolas Vinculadas a la AIT
En España, el reconocimiento de la libertad de asociación desde el comienzo del Sexenio permitió a las organizaciones obreras salir a la luz y expandirse. En 1868, Bakunin envió a Giuseppe Fanelli a España para que organizara la sección española de la AIT, introduciendo las ideas anarquistas. Se crearon dos núcleos iniciales: uno en Madrid y otro en Barcelona.
En 1871, llegó a Madrid Paul Lafargue, yerno de Marx, con la intención de reconducir hacia el marxismo a los internacionalistas españoles. Lo consiguió solo con un pequeño grupo disidente y constituyó la Nueva Federación Madrileña, de orientación marxista, en la que figuraba el tipógrafo Pablo Iglesias, futuro fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879.
Comenzó así la división del movimiento obrero español entre socialistas (marxistas) y anarquistas (bakuninistas). La Federación Regional Española (FRE) de la AIT, mayoritaria, se adhirió a los planteamientos de Bakunin y rechazó a los marxistas, consolidando el predominio de la corriente anarquista en el movimiento obrero español durante décadas. La FRE no intervenía en la política parlamentaria; sus métodos eran la huelga general y la “propaganda por el hecho” (acciones directas, a veces violentas). Su apoyo a la insurrección cantonalista y el posterior fracaso de esta supuso un duro golpe para la Federación.
Tras el golpe del general Pavía en enero de 1874, el gobierno de Serrano decretó la ilegalidad de la AIT y de las asociaciones obreras vinculadas a ella, que pasaron nuevamente a la clandestinidad.
El Régimen de la Restauración (1875-1923)
Introducción: El Sistema Canovista
La Restauración en España comenzó en 1875 con la proclamación de Alfonso XII (apodado “el Pacificador”) como rey, restaurando la monarquía borbónica tras el convulso Sexenio Democrático (1868-1874). Su duración es objeto de debate: algunos la limitan al reinado de Alfonso XII (1875-1885) y la Regencia de María Cristina (1885-1902), mientras que otros la extienden hasta el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923.
Este período se caracterizó por una notable estabilidad política, lograda gracias al sistema diseñado por Antonio Cánovas del Castillo, basado en:
- La Constitución de 1876.
- El bipartidismo y el turno pacífico entre el Partido Conservador y el Partido Liberal.
También hubo cierto crecimiento económico. Sin embargo, esta estabilidad se asentaba sobre pilares poco democráticos como el fraude electoral sistemático y el caciquismo, y excluía del juego político a fuerzas importantes como los republicanos y los movimientos obreros. La crisis de 1898, con la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico, Filipinas), supuso un duro golpe moral y político que debilitó el sistema, aunque este logró sobrevivir.
El Retorno de la Dinastía Borbónica
La inestabilidad política y social del Sexenio Democrático provocó un viraje de gran parte de la burguesía y las clases acomodadas hacia posiciones conservadoras. Se despertó el anhelo de una restauración monárquica que garantizase el orden y la propiedad (especialmente entre los terratenientes).
Cánovas del Castillo fue la gran figura política del momento y el artífice de la Restauración. Preparó meticulosamente la vuelta a España y al trono de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Como líder del “partido alfonsino”, Cánovas negoció secretamente con altos dirigentes del ejército y con la burguesía el restablecimiento de la monarquía borbónica en la persona del joven príncipe.
Convenció a Alfonso de dirigir un manifiesto al país, el Manifiesto de Sandhurst (diciembre de 1874), redactado por el propio Cánovas. En dicho documento público, Alfonso se ofrecía a encabezar una nueva etapa que superase las dificultades pasadas, presentándose como un monarca conciliador y liberal, dispuesto a aceptar un régimen constitucional.
Aunque Cánovas prefería una transición pacífica y civil, el paso definitivo lo dio, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos, quien mediante un pronunciamiento militar iniciado en Sagunto, acabó con el régimen republicano de Serrano y proclamó rey a Alfonso XII. Este llegaría a España para tomar posesión del trono en enero de 1875.
Para evitar que en el futuro volvieran los pronunciamientos militares que habían caracterizado gran parte del siglo XIX, se estableció que el rey sería el jefe supremo del Ejército, con mando efectivo. Esta medida contribuyó, de momento, a reducir el protagonismo político directo de los militares.
Cánovas del Castillo y el Sistema Político de la Restauración: El Sistema Canovista
El gran artífice de la Restauración fue el político malagueño Antonio Cánovas del Castillo, quien en 1876 fundó el Partido Liberal-Conservador (conocido como Partido Conservador) a partir de personalidades procedentes de los antiguos partidos Moderado y Unión Liberal.
Cánovas admiraba la estabilidad política de Inglaterra y su sistema bipartidista, por lo que quiso implantar un modelo similar en España. Pensaba que las instituciones tradicionales (Monarquía y Cortes) debían ser los pilares fundamentales del nuevo régimen. Cánovas fue varias veces presidente del Gobierno hasta su asesinato por un anarquista en 1897.
Diseñó un nuevo sistema político que pretendía ser estable y sólido, basado en tres pilares:
- La Constitución de 1876.
- El bipartidismo turnista (alternancia pactada entre Conservadores y Liberales).
- El caciquismo y el fraude electoral (como mecanismos para garantizar el turno).
El sistema político canovista se caracteriza por el centralismo y un autoritarismo inicial, aunque con apariencias liberales. El centralismo se manifestó en la abolición definitiva de los Fueros de Navarra y las provincias vascas tras el fin de la Tercera Guerra Carlista (1876), aunque se les concedieron ciertos conciertos económicos. Se impulsaba así la unidad legislativa y la igualdad jurídica en toda España. Por otro lado, se reorganizaron los ayuntamientos y diputaciones provinciales, restándoles autonomía: los alcaldes de las ciudades importantes serían designados por el gobierno, el cual también controlaría los presupuestos locales.
El autoritarismo inicial del régimen se reflejó en el establecimiento de la censura previa para las publicaciones (periódicos, libros). Estas debían superar tanto la censura eclesiástica (evitando atentados “contra la moral y buenas costumbres”) como la política (la Ley de Imprenta de 1879 consideraba delito cualquier ataque contra el régimen). Además, se restringieron inicialmente las asociaciones políticas, permitiendo solo aquellas que aceptasen la nueva monarquía y la Constitución.
Más adelante, especialmente durante los gobiernos del Partido Liberal, el sistema de la Restauración evolucionaría lentamente hacia posiciones menos autoritarias. Así, durante distintas etapas de presidencia del liberal Práxedes Mateo Sagasta, se restableció la libertad de imprenta y de asociación (1881) y se reimplantó el sufragio universal masculino (1890), aunque este último quedó desvirtuado por el fraude electoral.
Constitución de 1876
Cánovas pretendía que la nueva constitución fuera lo suficientemente abierta y flexible como para permitir la alternancia en el gobierno de los dos grandes partidos dinásticos (Conservador y Liberal) sin necesidad de cambiarla constantemente. Se puede decir que fue una constitución pactada o de consenso entre conservadores y liberales moderados. Solo hubo dos cuestiones conflictivas importantes durante su redacción: la cuestión religiosa y la composición del Senado.
Estuvo vigente, sin interrupciones, desde 1876 hasta el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923. Después, aunque suspendida, no fue formalmente derogada hasta la proclamación de la Segunda República en 1931. Es la constitución más longeva de la historia de España (47 años de vigencia efectiva).
Sus puntos principales son:
- Soberanía compartida entre “las Cortes con el Rey” (fórmula ecléctica que superaba la soberanía nacional progresista y la soberanía real absolutista).
- Contenía una declaración de derechos semejante a la de 1869, pero su ejercicio concreto se remitía a leyes posteriores, lo que permitía a los gobiernos restringirlos según las circunstancias.
- Otorgaba amplios poderes al monarca:
- Poder ejecutivo: El rey nombraba y cesaba libremente al Presidente del Gobierno y a los ministros.
- Poder legislativo: El rey compartía la iniciativa legislativa con las Cortes, sancionaba y promulgaba las leyes, podía vetarlas y tenía el poder de convocar, suspender y disolver las Cortes. Nombraba a una parte de los senadores (vitalicios y por derecho propio).
- Era el jefe supremo del Ejército.
- Poder legislativo: Cortes bicamerales:
- Congreso de los Diputados: Electivo. La Constitución no especificaba el tipo de sufragio, dejando que lo regulara una ley electoral posterior. La primera ley (1878) estableció el sufragio censitario. Más tarde, en 1890, se implantaría el sufragio universal masculino.
- Senado: Cámara elitista y conservadora, compuesta por tres tipos de senadores: por derecho propio (grandes de España, altos cargos militares y eclesiásticos), vitalicios (nombrados por el Rey) y electivos (elegidos por sufragio indirecto entre los mayores contribuyentes y corporaciones).
- Confesionalidad católica del Estado Español, que se comprometía al mantenimiento del culto y del clero. Sin embargo, se toleraba el ejercicio privado de otros cultos (solución de compromiso entre la libertad religiosa del 69 y la intolerancia moderada).
- Poder judicial: Correspondía a los tribunales de justicia, que aplicaban las leyes en nombre del Rey.
- Estado unitario y centralista. Defensa del orden social y de la propiedad privada.
El Bipartidismo Turnista
El sistema político de la Restauración se basaba en el turno de partidos: la labor de gobierno recaía alternativamente en dos partidos principales que se sucedían en el poder y en la oposición de forma pactada.
Los dos grandes partidos “dinásticos” o “del sistema”, que aceptaban la Monarquía de Alfonso XII y la Constitución de 1876, fueron:
- El Partido Liberal-Conservador (conocido simplemente como Partido Conservador): Liderado por Antonio Cánovas del Castillo. Agrupaba a los sectores más conservadores de la sociedad: la antigua aristocracia, los terratenientes, la alta burguesía financiera y parte del clero y el ejército. Defendía el orden, la propiedad, el sufragio censitario (inicialmente), la confesionalidad católica, cierto proteccionismo económico y una aplicación restrictiva de las libertades.
- El Partido Liberal-Fusionista (llamado popularmente Partido Liberal): Liderado por Práxedes Mateo Sagasta. Se nutrió de antiguos progresistas, unionistas de izquierda, demócratas e incluso algunos republicanos moderados que aceptaron la monarquía. Sus bases sociales eran la burguesía industrial y comercial, los profesionales liberales, los funcionarios, comerciantes y algunos sectores del ejército. Su ideología era más progresista dentro del sistema: defendían el sufragio universal masculino (que implantaron en 1890), mayores libertades (prensa, asociación, cátedra), cierto laicismo (aunque sin romper con la Iglesia), el librecambismo económico y reformas sociales moderadas.
Estos dos partidos se turnaron pacíficamente en el poder durante décadas. Su actuación política cuando gobernaron fue, en muchos aspectos, similar, ya que estaban de acuerdo en mantener los fundamentos del sistema (Monarquía, Constitución, propiedad privada, centralismo). El turno garantizaba la estabilidad y evitaba que uno de los partidos monopolizara el poder y el otro recurriera a la fuerza (pronunciamientos) para acceder a él, como había ocurrido anteriormente.
Los Éxitos Políticos Iniciales de la Restauración
El nuevo régimen logró importantes éxitos en sus primeros años, consolidando la paz interna:
- Finalización de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876): La guerra continuaba en el Norte al inicio del reinado. El ejército alfonsino, reorganizado y con más recursos, logró derrotar a los carlistas. En febrero de 1876, el pretendiente “Carlos VII” cruzó la frontera hacia Francia, desapareciendo el carlismo como una amenaza militar significativa. Como consecuencia, el gobierno de Cánovas suprimió los fueros vascos y navarros (1876), estableciendo la igualdad fiscal y militar con el resto de España, aunque finalmente se negociaron unos conciertos económicos que otorgaban cierta autonomía fiscal a estas provincias.
- Finalización de la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878): La larga guerra independentista iniciada en 1868 terminó en 1878 con la Paz de Zanjón. El general Martínez Campos, enviado a la isla, combinó la acción militar con la negociación, logrando la rendición de la mayoría de los independentistas. Se ofrecieron algunas concesiones a los cubanos: amplia amnistía y promesas de reformas políticas y administrativas (mayor autonomía, representación en Cortes, abolición de la esclavitud). Sin embargo, el incumplimiento de muchas de estas promesas y la persistencia del descontento llevarían al estallido de nuevas revueltas (como la “Guerra Chiquita”) y, finalmente, a la definitiva Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898).
Caciquismo y Fraude Electoral: El Funcionamiento Real del Turno
Todo el engranaje político del turno pacífico ideado por Cánovas era, en la práctica, una farsa democrática. Los dos partidos dinásticos no llegaban al poder como resultado de la voluntad popular expresada libremente en las urnas, sino mediante un pacto previo.
El mecanismo funcionaba así:
- Cuando un partido en el gobierno sufría desgaste o surgía una crisis, o simplemente se consideraba que había llegado el momento del relevo, los líderes de ambos partidos (Cánovas y Sagasta) lo pactaban entre ellos y con el Rey.
- El Rey, usando la prerrogativa que le otorgaba la Constitución, retiraba su confianza al gobierno saliente y nombraba un nuevo Presidente del Gobierno del partido que debía tomar el relevo.
- El nuevo gobierno disolvía las Cortes y convocaba elecciones.
- Estas elecciones eran sistemáticamente manipuladas desde el Ministerio de la Gobernación para asegurar una mayoría parlamentaria suficiente al partido que acababa de empezar a gobernar. El partido saliente obtenía una representación minoritaria pero suficiente para ejercer de oposición “leal”.
Esta manipulación electoral se basaba en la práctica del caciquismo y el fraude electoral:
- Caciquismo: El cacique era una persona influyente en una zona rural (local o comarcal), generalmente un terrateniente, notable local o individuo con poder económico o social. Ejercían un control político sobre la población, especialmente en el ámbito rural donde el analfabetismo y la dependencia económica eran mayores. Los caciques actuaban como intermediarios entre la administración y los habitantes locales, concediendo favores, ofreciendo trabajo, pero también utilizando amenazas, chantajes y coacciones para dirigir el voto de los electores según las instrucciones recibidas.
- Fraude Electoral: Desde Madrid, el Ministro de la Gobernación elaboraba el “encasillado”, es decir, la lista de los candidatos (tanto del partido en el gobierno como de la oposición) que debían salir elegidos en cada distrito electoral. Esta lista se comunicaba a los gobernadores civiles de las provincias, quienes a su vez daban las instrucciones pertinentes a los caciques locales. Estos se encargaban de que los resultados se ajustaran a lo previsto mediante diversas prácticas fraudulentas:
- Coacción a los votantes.
- Alteración de los censos electorales (incluyendo muertos o impidiendo votar a opositores).
- El “pucherazo”: manipulación directa de las urnas (cambiándolas, añadiendo o quitando papeletas) o falsificación de las actas de resultados.
De este modo, el fraude electoral se organizaba de arriba abajo. La capacidad de manipulación era mucho mayor en las zonas rurales que en las grandes ciudades, donde la oposición (republicana, socialista) tenía más fuerza y el control caciquil era menor.
El “Gobierno Largo” del Partido Liberal de Sagasta (1885-1890)
Tras la temprana muerte de Alfonso XII en 1885, Cánovas y Sagasta reafirmaron su compromiso con el sistema del turno en el llamado Pacto de El Pardo, para garantizar la estabilidad durante la regencia de la reina viuda, María Cristina de Habsburgo. Cánovas cedió el poder a Sagasta, iniciándose el llamado “Gobierno Largo” del Partido Liberal (1885-1890).
Los liberales aprovecharon esta larga etapa en el poder para emprender una importante labor legislativa que desarrolló algunos de los aspectos más progresistas contenidos en la Constitución de 1876 y consolidó libertades. Entre las leyes más destacadas que se promulgaron figuran:
- El Código de Comercio (1885).
- La Ley de Asociaciones (1887): Esta ley fue crucial, ya que permitió que las organizaciones obreras (socialistas y anarquistas), forzadas a la clandestinidad desde la dictadura de Serrano (1874), pudieran actuar legalmente y expandirse.
- La Ley del Jurado (1888).
- El Código Civil (1889).
- La Ley de Sufragio Universal Masculino (1890): Restableció el derecho al voto para todos los varones mayores de 25 años, aunque, como se ha dicho, su efectividad fue muy limitada por el fraude electoral generalizado.
- Reformas en el ejército.
Sagasta también había gobernado a principios de los años 80 y había creado la Comisión de Reformas Sociales (1883), un primer intento, aunque tímido, de estudiar las condiciones de vida y trabajo de las clases trabajadoras y proponer posibles mejoras.
El Desastre Colonial y la Crisis de 1898
El fin del imperio colonial español se produjo de forma traumática en 1898 como consecuencia de la guerra mantenida entre España y Estados Unidos. El conflicto se desarrolló principalmente en dos escenarios: Cuba y Filipinas, donde previamente se habían originado movimientos independentistas.
La Tercera Guerra de Cuba (1895-1898)
La mayoría de los políticos españoles, tanto conservadores como liberales, eran contrarios a conceder una autonomía real a Cuba, aferrándose a la idea de la soberanía española. Esta actitud intransigente fue la causa principal de que disminuyeran los partidarios cubanos de la autonomía dentro del imperio y aumentaran las filas de los independentistas.
Finalmente, la revuelta estalló en febrero de 1895 con el “Grito de Baire” (en la parte oriental de la isla), bajo la dirección de José Martí, líder e ideólogo del Partido Revolucionario Cubano (que murió en combate poco después). España envió inicialmente al General Martínez Campos, pero esta vez su política negociadora fracasó. Fue reemplazado por el general Valeriano Weyler, cuyo objetivo era la victoria militar a toda costa, sin concesiones. Utilizó métodos muy duros, como la política de “reconcentración” (obligar a la población rural a concentrarse en poblados controlados por el ejército para aislar a la guerrilla) y la división de la isla en sectores fortificados (trochas). Cuando el gobierno liberal de Sagasta intentó retomar una estrategia de negociación y conceder la autonomía en 1897, ya era demasiado tarde.
La clave del conflicto fue la intervención de Estados Unidos. Este país tenía importantes intereses económicos en Cuba (azúcar, tabaco) y veía con simpatía la causa independentista, además de ambicionar la isla desde hacía tiempo (había intentado comprarla a España en varias ocasiones). La prensa sensacionalista estadounidense avivó el sentimiento antiespañol.
El detonante de la guerra hispano-estadounidense fue la misteriosa explosión y hundimiento del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana en febrero de 1898. Aunque las causas nunca se aclararon del todo, Estados Unidos culpó a España y le lanzó un ultimátum: o renunciaba a la soberanía sobre Cuba o habría guerra. España rechazó el ultimátum y Estados Unidos declaró la guerra en abril de 1898.
La guerra fue breve y desastrosa para España. La anticuada flota española fue fácilmente aniquilada por la moderna armada estadounidense en dos batallas navales decisivas: Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba. Mientras tanto, tropas estadounidenses desembarcaron e invadieron Cuba y Puerto Rico.
La Guerra en Filipinas
El otro escenario colonial de importancia para España eran las Islas Filipinas. Tras la pérdida de la mayoría de las colonias americanas a principios del siglo XIX, España había dirigido de nuevo su atención hacia la riqueza del archipiélago (tabaco, azúcar), intentando fomentar su explotación económica, sobre todo a partir de la Restauración.
Sin embargo, también en Filipinas habían surgido movimientos de carácter nacionalista. En 1896, bajo el liderazgo de figuras como José Rizal (ejecutado por los españoles) y Emilio Aguinaldo, estalló una revolución que aspiraba a la independencia. Cuando Estados Unidos declaró la guerra a España, se presentó también ante los filipinos como su libertador, apoyando a Aguinaldo. Al igual que en Cuba, la flota estadounidense infligió una aplastante derrota a la escuadra española en la Batalla de Cavite (Bahía de Manila).
El Tratado de París y las Consecuencias del Desastre
La guerra hispano-norteamericana, conocida a veces como la “Guerra de los Cien Días”, finalizó con la firma del Tratado de París en diciembre de 1898. En este tratado, Estados Unidos impuso sus condiciones a una España derrotada:
- España renunció a toda reclamación sobre Cuba, que quedó bajo ocupación militar estadounidense hasta que se le concedió una independencia formal (pero muy tutelada) en 1902.
- España cedió a Estados Unidos Puerto Rico y la isla de Guam en el Pacífico.
- España vendió las Islas Filipinas a Estados Unidos por 20 millones de dólares (los filipinos, que habían luchado por su independencia, se sintieron traicionados y continuaron la lucha contra los nuevos ocupantes).
En conclusión, los políticos españoles desaprovecharon las oportunidades de implantar a tiempo reformas significativas en las colonias, y su intransigencia condujo finalmente a la guerra y a la pérdida del imperio. La guerra tuvo un alto coste humano: se reclutaron soldados principalmente entre las clases trabajadoras de España mediante el injusto sistema de quintas. Este sistema permitía a los jóvenes de familias ricas librarse del servicio militar pagando una cantidad de dinero (redención en metálico) o pagando a un sustituto. Muchos soldados humildes no regresaron de las guerras coloniales, y otros lo hicieron enfermos o mutilados en condiciones lamentables. Es comprensible, por tanto, que el antimilitarismo se extendiera entre los sectores sociales más humildes.
Impacto de la Crisis del 98
El “Desastre del 98” tuvo profundas consecuencias en España:
- Políticas: Aunque el sistema canovista logró sobrevivir a la crisis (no hubo un cambio de régimen ni una revolución), quedó muy desprestigiado y fue duramente criticado por su ineficacia y corrupción. Se puso de manifiesto la debilidad internacional de España.
- Económicas: A corto plazo, la pérdida de los mercados coloniales protegidos fue negativa para algunas industrias (como la textil catalana). Sin embargo, a medio plazo, la repatriación de capitales desde las antiguas colonias favoreció la inversión en España (creación de bancos, desarrollo industrial) y la Hacienda pública se vio aliviada al reducirse la enorme deuda generada por las guerras.
- Ideológicas y Morales: Fue la consecuencia más profunda. Se produjo una crisis de conciencia nacional. Surgió un amplio movimiento intelectual y político conocido como Regeneracionismo, que denunciaba los males del país (caciquismo, fraude, atraso económico y cultural, aislamiento internacional) y proponía reformas profundas para modernizar España. Figuras como Joaquín Costa clamaban por “escuela, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid”, simbolizando la necesidad de educación, mejora económica y olvido de glorias pasadas.
Con el tiempo, la persistencia de la corrupción y el fraude acentuó la brecha entre la “España oficial” (la de los políticos y caciques) y la “España real” (la de la gente común y sus problemas). Esto generó un creciente descontento social y un profundo descrédito de la política y los políticos, denunciado sin éxito por los intelectuales regeneracionistas y que acabaría minando las bases del sistema de la Restauración en las primeras décadas del siglo XX.